domingo, 2 de noviembre de 2014

Un divorcio de mutuo desacuerdo

Iñaki Miramón y Toni Acosta en un momento de la representación





TÍTULO: “De mutuo desacuerdo”
AUTOR: Fernando J. López
INTÉRPRETES: Toni Acosta e Iñaki Miramón
DIRECCIÓN: Quino Falero


Según las estadísticas, una de cada dos parejas se divorcia. Desgraciadamente, un gran porcentaje de matrimonios ya tienen hijos cuando deciden tomar caminos separados y muchas veces en estos casos, los niños son los que más sufren. No son datos alentadores, pero son reales. Ahora bien, yo no estoy aquí para hablaros de tristes cifras sino de una divertidísima comedia que aborda un tema tan de actualidad como éste.

Sandra e Ignacio se han divorciado tras doce años de matrimonio. Lamentablemente no ha sido un proceso de mutuo acuerdo sino más bien como reza el título de la función “De mutuo desacuerdo”. Pero, como en tantos otros casos, hay un niño de por medio, Sergio, de 9 años, y eso hará que sus progenitores tengan que verse más de lo que les gustaría, dando lugar, cómo no, a enfervorecidas y divertidas discusiones.

Cada una de las escenas de la obra se compone de una pelea del ex matrimonio. En este sentido no pude evitar acordarme de “Se quieren”, función que hace ya varios años y en diferentes montajes, alcanzó gran éxito en los teatros españoles, aunque en aquella ocasión se trataba de discusiones de parejas y no de ex parejas. En cualquier caso, creo que el texto de Fernando J. López va más allá, porque se centra en la necesidad de los padres de pensar en su hijo por encima de todo, más allá de sus propias rencillas y resentimientos.

Así los personajes de Sandra e Ignacio, magníficamente interpretados por dos actores de probada solvencia como son Toni Acosta e Iñaki Miramón, sufren una evolución a medida que avanza la representación, y poco a poco se irán haciendo más conscientes de sus propios errores e intentarán dar pasos hacia delante por el bien de su hijo.

Estamos ante una función con muchísimo ritmo, la dirección de Quino Falero ha sabido conducirla de forma que no dé respiro al espectador desde la primera escena, y que al mismo tiempo le haga pensar. Porque Sandra e Ignacio son personajes fácilmente reconocibles por todos, porque todos conocemos a parejas así e incluso podemos correr el riesgo de convertirnos en una de ellas. Por esta razón, es altamente recomendable que todo el mundo acuda a ver “De mutuo desacuerdo”, ya que es una obra que puede generar la tan deseable catarsis en el espectador. ¡Ah sí! Y también, porque es muy divertida.

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