domingo, 21 de febrero de 2016

Wilde a ritmo de salsa

Windermere club





TÍTULO: "Windermere Club"
AUTOR: Oscar Wilde
VERSIÓN: Juan Carlos Rubio
INTÉRPRETES: Natalia Millán, Susana Abaitua, Teresa Hurtado de Ori, Efrain González, Emilio Buale y Harlys Becerra
DIRECCIÓN: Gabriel Olivares


Oscar Wilde era un genio. Un hombre ocurrente e ingenioso con el que daría gusto pero también un poco de miedo tomar una copa. Ver una obra suya representada sobre un escenario siempre es un placer. En esta ocasión he tenido la oportunidad de ver una versión muy especial de “El Abanico de Lady Windermere” firmada por Juan Carlos Rubio.

Como el propio Rubio confiesa en el programa de mano, para adaptar esta obra comenzó por quitar cosas y añadir otras de su cosecha, por eso este “Club Windermere” no transcurre en la Inglaterra victoriana sino en el Miami de hoy en día, una ciudad con un enorme mestizaje, un clima cálido y todas las innovaciones tecnológicas que en esta sociedad globalizada están al alcance de todos.

La verdad es que no sé si era necesario introducir tantos cambios en un texto ya de por sí sobresaliente transcurra dónde y cuándo transcurra. Cuando cambiamos algo tenemos que intentar que sea para mejor y si nos enfrentamos a un texto de Wilde la tarea puede resultar cuasi titánica.

En cualquier caso, sí estoy de acuerdo en que a la hora de conseguir que el público llene las salas de los teatros puede ser efectivo traer un texto clásico a la época actual y darle otro ritmo, cosa que en este caso se consigue con una banda sonora muy salsera que vemos bailar con soltura a todos los intérpretes desde Natalia Millán a Emilio Buale.

La función está salpicada de las ocurrentes frases de Wilde y una sonrisa se dibuja en los labios del respetable al identificar esas sentencias tan certeras y tan llenas de mala leche.

Quizá a pesar de que a mí me encanta escuchar cómo suena el español de otras latitudes, me ha sobrado un poco esa mezcla de acentos que eso sí, lograba arrancar más de una carcajada. Cuando un texto es tan estupendo como el de Wilde tengo la impresión de que no son necesarios más artificios.

Eso sí, la obra resulta tremendamente entretenida y se pasa en un pis pas. Además, ver que cuando baja el telón, parte del público abandona la sala bailando, es una auténtica gozada.

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