domingo, 4 de septiembre de 2016

Una cena con los vecinos de arriba

los vecinos de arriba




TÍTULO: "Los vecinos de arriba"
AUTOR Y DIRECTOR: Cesc Gay
INTÉRPRETES: Candela Peña, Pilar Castro, Xavi Mira, Andrew Tarbet


Antes de comprar mi entrada hace unos meses para ir a ver “Los vecinos de arriba” ya había oído hablar mucho y muy bien de la función. Además se trataba del debut teatral de Cesc Gay, un director que me cautivó con películas como la premiadísima “Truman”, pero debo decir, que aunque no hubiera oído hablar de la función tanto y tan bien, hubiera comprado igualmente la entrada para ver ¡por fin! Sobre las tablas a Candela Peña.

Descubrí a Candela Peña hace ya muchos años en la que, si no me equivoco, fue su segunda película, “Hola, ¿estás sola?” de Icíar Bollaín. Con sólo ver esa interpretación ya me di cuenta de que estaba ante una actriz con un talentazo. Película tras película esa percepción se ha ido confirmando pero siempre había querido verla sobre un escenario. “Los vecinos de arriba” ha supuesto su bautismo teatral y con él está demostrando a propios y a extraños que es una auténtica todoterreno.

Cesc Gay no sólo ha dirigido sino que también ha escrito esta función con la que debo decir que ha dado en el clavo porque “Los vecinos de arriba” no es solamente una comedia que busque la carcajada. Carcajadas las hay, y muchas, pero estamos ante una comedia que sabe ir mucho más allá. Se comienza en ella hablando de sexo pero se termina hablando de amor y de la vida en pareja en su más amplia acepción.

Es imposible poner en pie con éxito una obra de estas características sin un elenco que funcione como un verdadero mecanismo de relojería. En este caso tenemos a cuatro intérpretes que ¡Vaya cuatro patas para un banco! A cual mejores. A las chicas ya las conocía, de Candela Peña ya os he hablado y a Pilar Castro ya había tenido suerte de verla en el teatro en funciones como “Buena gente”. Los dos chicos han sido para mí un auténtico descubrimiento: Xavi Mira y Andrew Tarbet.
Los cuatro juntos desprenden una complicidad tal, que me atrevería a decir que no es que se entiendan con una mirada sino incluso con un pestañeo.

A veces se nos olvida lo difícil que es hacer reír, y es tan mágico poder ver de cerca a gente con tanto talento haciéndote reír de una forma tan natural como estos cuatro actores, que cuando te pasa no puedes hacer otra cosa que relajarte y disfrutar.

En la función hay varios giros argumentales y algunos de ellos, no voy a mentir, se ven venir, pero eso no importa en absoluto puesto que esa previsibilidad no mina en lo más mínimo su disfrute. También debo decir que uno de esos giros en particular consigue cambiar las carcajadas por un silencio en el patio de butacas que se podría cortar con un cuchillo y que realmente encoge el corazón de los espectadores.

En la función que yo vi el otro día, al terminar, el público se puso en pie unánimemente como movido por un resorte para agradecer a los intérpretes su gran trabajo. Creo que eso ya dice mucho a favor de este espectáculo. Sólo quiero añadir que se merecen todos los aplausos y todos los bravos del mundo.

¡Larga vida a esta relación de vecindad! Un orgasmo de función.

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