domingo, 6 de noviembre de 2016

La estupidez o el más difícl todavía

La estupidez


TÍTULO: "La estupidez"
AUTOR: Rafael Spregelburd
DIRECTOR: Fernando Soto
ESCENOGRAFÍA: Elisa Sanz
MÚSICA Y ESPACIO SONORO: David Angulo 
INTÉRPRETES: Javier Márquez, Fran Perea, Toni Acosta, Javi Coll, Ainhoa Santamaría
MÁS INFORMACIÓN: http://feelgoodteatro.com/

Me resulta bastante complicado escribir esta reseña de la obra “La estupidez” dirigida por Fernando Soto. ¿Que por qué? Porque no sé cómo definir ni explicar esta función. Bueno, algo sí que se me ocurre y es decir que “La estupidez” es circensemente hablando, un triple salto mortal sin red, un más difícil todavía.

En los últimos veintipico años en los que llevo viendo teatro asiduamente, creo que nunca había visto una obra más difícil de poner en pie. Es cierto que obras como por ejemplo, las de Valle-Inclán, fueron en su tiempo casi imposibles de representar, con multitud de localizaciones distintas y una lista de personajes como la de la guía telefónica, pero yo creo que llevar a la escena “La estupidez” es todavía más complicado.

En este caso estamos ante una obra con 27 personajes, si no he contado mal. Estos 27 personajes son interpretados solamente por 5 actores a los que por fuerza tengo que nombrar aquí porque hacen un trabajo de auténticos titanes, son: Javier Márquez, Fran Perea, Toni Acosta, Javi Coll y Ainhoa Santamaría. La localización es única, un Motel en Las Vegas, y por sus distintas habitaciones va desfilando toda esta galería de caracteres que conforman la función.

En cuanto al argumento en sí, no diré mucho: todos estos individuos quieren hacer dinero y quieren hacerlo en Las Vegas, pero no, no sólo jugando a la ruleta. En el programa de mano se nos dice que la obra “versa sobre la fragilidad de la inteligencia en los tiempos que corren” pero yo diría más, yo diría que habla de la crisis de valores y de la podredumbre y corrupción de nuestra sociedad.

Pero lo cierto es que lo más importante de esta obra no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta. No sé si será porque está escrita por un argentino, Rafael Spregelburd, pero hay varias escenas que suceden al mismo tiempo y el espectador se encuentra prestando atención a dos conversaciones A LA VEZ.

La verdad es que los argentinos son expertos en construir escenas de este tipo, no sé si os habréis dado cuenta pero en las películas y las obras argentinas existen en muchas ocasiones estos momentos en los que los personajes hablan todos a la vez, y lo más sorprendente es que consiguen que no perdamos el hilo. Aquí también ocurre. Bien por Ferando Soto y por ese magnífico elenco que han conseguido que una cosa así parezca incluso sencilla.

En cuanto a la escenografía y la ambientación, no falta un detalle. Desde que el público empieza a llenar el patio de butacas, se encuentra ante una de esas habitaciones del motel en el que se desarrolla la acción, y los clásicos de la música americana: Elvis, Kenny Rogers... inundan la sala. Perfecto para entrar en situación.

Ya he mencionado a los cinco intérpretes pero tengo que volver a ellos porque si ya de por sí el hecho de hacer teatro proporciona tablas y profesionalidad a los intérpretes, no me puedo imaginar todo lo que hacer “La estupidez” supondrá para estas cinco fieras. No es que les vaya a dar tablas, sino que al final de la gira van a poder montar una carpintería.

Ya solamente que realicen los cambios de vestuario a esa endiablada velocidad es algo que deja boquiabierto al público, qué voy a decir de cambiar de registro con la misma celeridad y efectividad.

¿Le pongo alguna pega a esta función? Pues sí, suceden tantas cosas y con tanta rapidez que hay muchas que se nos escapan y por eso precisamente creo que se sacaría mucho más provecho con un segundo visionado. También me parece que el final se alarga un poco en exceso. Estamos ante una obra de tres horas, y yo pienso que con un cuarto de hora o veinte minutos menos de duración ganaría bastante.

En todo caso, creo que os habrá quedado claro que es muy recomendable si queréis ver un trabajo de primera, porque no hace falta ir al Circo del Sol para presenciar un “más difícil todavía”.

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